miércoles 11 de noviembre de 2009

El muro

Por si alguien no se había enterado, esta semana se ha conmemorado el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. Lo digo por si hay algún lector que conecta con NDK desde una isla desierta, una celda incomunicada en Alcatraz, o una cueva, o vive en un tonel aislado del mundo cuál Diógenes. Al margen del ataque de viejunismo feroz que me ha entrado, todo este asunto me ha recordado esa época, y lo que yo pensaba entonces. Ponganle una banda sonora de "Winds of Change", de los Scorpions. Por ejemplo.

En esa época entre 1989 y 1991 yo tenía 10-12 años. Y para ser un crío, y eso, claro, lo digo ahora, entonces lo hubiera negado, tenía una cierta conciencia de lo que ocurría. Lo del muro me queda más difuso en el tiempo, pero recuerdo perfectamente los hechos de la Plaza de Tiannanmen, y luego los tanques en Moscú en verano de 1991 y la disolución de la URSS. Recuerdo claramente también las independencias de Lituania, Estonia y Letonia, entre 1990 y 1991, y la ejecución pública de Ceaucescu en Rumanía, el día de navidad de 1989, que emitieron con todo lujo de detalles en TVE.

Claramente, algunos de los pilares establecidos de la sociedad mundial estaban cambiando, y eso me parecía excitante. De repente, las calles se llenaban de manifestantes que se llenaban la boca pidiendo libertad y luchando contra el poder establecido. En la tele, claro, en las calles de Barcelona todo parecía igual que siempre, y como mucho, la gente se manifestaba en la Font de Canaletes cuando el Barça ganaba algo, es decir, muy pocas veces, por aquél entonces. Pero volviendo al tema, en fin, me parecía algo muy interesante. Ciertamente creía que mi generación estaba llamada a cambiar el mundo (insisto que pese a tener sólo 11 años, yo ya me veía como un adolescente dispuesto a la lucha y la revolución). A hacer de él un lugar mejor. No sé si ponerle ahora un fondo musical de "Young Man's Blues" o directamente de "My Generation".

Evidentemente, no sabía nada de nada. Sólo me entraban impactos visuales vía Informe Semanal, y estas cosas. Si incluso la guerra de Croacia, la primera que se llevó a cabo en los Balcanes, me parecía una cosa muy molona, muy romántica, en el sentido literario del término. Un pueblo luchando por su independencia. Y en mi cabeza yo imaginaba a una especie de Rob Roy liderando la lucha de los oprimidos.

Y luego estaban los Scorpions, los putos Scorpions y su puto "Winds of Change", canción que me encantaba en aquella época, incluso había llegado a escuchar una horrorosa versión en castellano de la misma.

Ahora miro atrás y veo qué ingenuidad más brutal tenía. Haciendo una asociación rápida, mi vida estaba cambiando de la más tierna infancia a la adolescencia, y el mundo parecía querer cambiar como yo. Entonces, claro, no era capaz de entender ni de discernir que ni el mundo estaba cambiando como yo lo consideraba, más allá de ciertos actos casi folklóricos, ni seguramente yo era tan maduro como me quería considerar. Y definitivamente, no iba a formar parte de ese cambio. No me duraría mucho más allá de los 13 años esta vena proto-revolucionaria-pre-adolescente.Y sin embargo, por otra parte, no puedo sino pensar que en una época tan gris y cutre como la presente, aquella ilusión infantil que me entraba viendo a la gente en las calles harta de tiranías, cierta ilusión por un cambio, en pos de un mundo mejor, sin maniqueísmos ni intereses creados, sería bonito tenerla.

Y ahora, si me disculpáis, me voy a poner la cancioncita de los Scorpions.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Melbourne mon amour

Bueno, iba a subir un vídeo para demostrar que la teoría de los desagües girando al revés en Australia es falsa, pero cuando me he visto con el móvil apuntando al water, me he sentido demasiado ridículo como para seguir con ello. Así que lo tendréis que creer. O no.

Como quiera que en estos viajes de trabajo al final demasiado poco importa el lugar, no hay grandes aventuras que explicar. Al final, es hotel-lugar de trabajo-aeropuerto. Y eso es demasiado parecido en todo el mundo. Viva la globalización. Os tendréis que conformar con un "top 5" australiano. Con eso, y con saber que a vuestro amigo Kar todavía no le arrancado la mano un cocodrilo, ni le ha atacado un dingo, ni ha sido secuestrado por una tribu aborígen:

1.- Vanilla Coke... deliciosamente empalagosa variedad de la coca-cola que sólo he visto en Londres hace unos años, en Hawaii y, oh, sorpresa, también en Melbourne. Estoy pensando en comprarme unas cuantas botellas y embarcarlas en el avión.

2.- Ver a una maruja australiana comentándome que a ella le gustaban AC/DC con Bon Scott, pero que no soporta la manera de cantar de Brian Johnson. Lo peor fue tener que aguantar su imitación de Johnson.

3.- Encontrarme con una chica de Asturias, a la que llevo 3 días hablando en inglés, hasta que me ha dicho que es española.

4.- Seguir vivo... después de tratar de cruzar la calle mirando constantemente hacia el lado que no toca. Espero llegar al viernes.

5.- Los billetes australianos... parecen del monopoly y además están hechos de una suerte de plástico que permite que se mojen y no les pasa nada. Vamos, que si metes tus tejanos en la lavadora con un billete de 100 AUD en el bolsillo, no tienes por qué preocuparte. El billete aguanta. Si es que estos australianos están en todo.

Bueno, amiguitos, les dejo con sus doce de la mañana europeas, que me voy a empiltrar. Paz, amor y holocausto nuclear para todos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Australian comeback

De nuevo en Australia. Recuerdo que la otra vez que por aquí estuve, escribí una entrada en la que decía: "Las circunstancias del viaje, os las podéis imaginar, lamentables condiciones de trabajo que me impidieron disfrutar de mi experiencia australiana como debiera, lo cual, si lo pienso fríamente, y considerando que tal vez no vuelva a ese lugar jamás, quieras que no, jode." Como podéis observar, la clarividencia no es lo mío. No jueguen a los ciegos conmigo, amiguitos. En fin, la idea es hacer una serie de entradas estos días, y la de hoy es particularmente complicada, porque me muero de sueño. Sí, querid@s, el jet lag, expresión pija donde las haya, existe, y si uno vuela 10 husos horarios hacia el este es una verdadera putada. Lo cierto es que estoy haciendo tiempo para irme a dormir, porque si me voy ahora, me despertaré a las 3 de la madrugada y estaré hecho un zombie todo el día de mañana.

Por lo demás, todo sigue en su sitio: la primavera está a punto de acabar, siguen conduciendo por el lado contrario y los desagües, por más que lo digan los Simpsons, giran el agua en el mismo sentido que en casa, a no ser que hayan instalado un motor que haga girar el agua en el sentido "correcto".

Por lo demás, al menos hoy, no hay gran cosa que contar. Así que como yo me pasé la castanyada o noche de halloween en un puto avión, permitidme que lo celebre ni que sea un poco:


martes 27 de octubre de 2009

Fun Lovin' Criminals - pt.3 (y última)

Este domingo, no sabes por qué, te has levantado muy temprano. Apenas las siete y media y estás con los ojos como platos. Un afeitado, una ducha, una camisa bien planchada y antes de salir, un repaso al pelo: todo en orden. Sales a las calles de la ciudad, y parecen raras. No hay mucha gente, pero lo que sorprende es que hay gente. Quien lo iba a decir, un domingo. No sabes qué te lleva a ello, pero tomas el metro y te paras en la misma estación y a la misma hora donde, algunos años atrás, solíais cogerlo. En sentido contrario. Hacia casa. Paseas por ahí, y todo te parece extraño. No estás acostumbrado a verlo con tanta luz. De repente, entre ese taller y el edificio amarillo hay un solar y te resulta inquietante. Tardas un par de minutos en darte cuenta de que allí estaba el Squier, ahora reducido a la nada. Con el golpe bajo recién encajado, giras la segunda a la izquierda. La licorería sigue allí, pero al entrar, los koreanos no son los mismos. No suena constantemente Bob Seger. Menudas risas nos hacíamos con aquél koreano, que hablaba un inglés ruinoso pero era fan a muerte de Bob Seger y de los Giants. Por lo menos Louie’s sigue en pie, allí al fondo está. Vaya, parece cerrado. Claro, es pronto. Te asomas por la ventana y todo está demasiado lleno de polvo. La sábana blanca cubriendo el billar es la prueba definitiva. No es que ahora está cerrado, es que está cerrado. Lo que todavía está es ese bar donde tantas veces habíais acabado tomando un café antes de volver a casa. Te sientas y te tomas un café. Y por un momento te pones triste. Dónde están Max, Norah y Silke? Cuánto tiempo hace que no hablas con Ed? Desde que se mudó, casi. Y a Hannah, parece que le va demasiado bien como para perder su tiempo con nosotros. O tal vez soy yo el que ya no tiene tiempo. Echas de menos todo aquello, y durante unos minutos miras el móvil y piensas que deberías mandar un sms a todos, pero estás jodido y quieres regodearte en tu tristeza. Pero tomas un sorbo de café y recuerdas todo aquello. Diablos, lo pasábamos bien. Y no puedes evitar una sonrisa dibujándose en tu cara.

Esta es su máxima actividad diaria

“Loco” (2001), el tercer disco (si no contamos “Mimosa”) de los FL’C, es como una gran resaca. Como un domingo de boca pastosa y dolorcillo de cabeza. No es la mejor mañana del mundo, pero lo has pasado tan bien la noche anterior que estás de buen humor. Estaba claro que “Loco” difícilmente iba a poder superar el listón de “100% Colombian”. "Loco" no es un disco tan pretencioso, y si 100%... era perfecto para escuchar de un tirón, lo primero que se puede apreciar de su sucesor es que es una colección de canciones sin tanta correlación entre sí, y bastante distintas. Abren con Where The Bums Go, una canción puramente punk. Pero luego las aguas vuelven a su cauce con el single Loco, que cuenta con aires latinos y una guitarra que puede recordar al Santana actual. Y sin embargo, a la segunda escucha uno no puede quitarse la melodía de la cabeza. Y la tercera canción, The Biz retoma los aires más hip-hop vacilón de su debut. Tres canciones muy diferentes entre sí. Sintomático de lo que es el disco.

Probablemente lo peor sea que algunos cortes son algo flojos, lo que le resta uniformidad a la grabación. Para mi gusto, se debería destacar un bloque con tres canciones de aspecto más reposado, como “She’s my friend”.

Con él llegó la polémica

Pero en definitiva, “Loco” nos muestra a unos Fun Lovin’ Criminals a medio gas, con momentos muy grandes, pero con otros algo más olvidables. Quiere eso decir que “Loco” no es un disco recomendable? En absoluto. Y sin embargo las comparaciones pesan demasiado.

En la grabación de “Loco” vuelve a constar Mackie a la batería, quien además les acompaña en la correspondiente gira, en la que una vez más recalan en Barcelona, en un concierto no tan espectacular como el anterior, pero que demuestra quien sigue mandando, con o sin momentos más regulares en su disco. Mackie sin embargo no duraría mucho, y el cuarto disco de la formación aparece firmado simplemente por Huey y Fast.

Así, “Welcome To Poppy’s” sale a la luz en 2003, en unas condiciones bastante diferentes. EMI ya no distribuye sus discos, sino que se ocupa una discográfica menor, Sanctuary Records. Entre eso y que su popularidad queda más lejana (jamás tuvieron un superhit equiparable a aquél clásico “Scooby Snacks”), el disco aparece con mucha menos promoción, casi de puntillas. Y es una pena, porque sin ser un disco superior a “Loco”, como aquél, “Welcome To Poppy’s” resulta un ejercicio de estilo muy interesante. A diferencia de “Loco”, en esta ocasión el bloque vuelve a ser más compacto, y el nivel no tiene los altibajos de su predecesor. Sin embargo, tampoco destaca por tener canciones memorables como el anterior trabajo. Todo el disco en general está bastante bien, pero no hay muchas de esas canciones que colocarías en un CD que le grabaras a aquella amiga que te pide un recopilatorio de FL’C.

Uno... dos... un momento, pero no eran un trío???

A destacar, por ejemplo, que se acabaron los experimentos con el rap más primitivo o con ciertas sonoridades ambient. Y que la guitarra de Huey Morgan tiene mucho más peso. Es evidente que la banda no pasa por su mejor momento, pero sigue ahí, con un nivel que ya quisieran para sí muchas otras bandas.

Así, qué disco es mejor, “Loco” o “Welcome to Poppy’s”. Difícil pregunta. Yo casi destacaría “Loco” porque algunas de sus canciones me parecen geniales. Pero tal vez sea porque me trae buenos recuerdos, simple y llanamente.

No se harían esperar mucho, sin embargo, para publicar “Livin’ In The City” (2005), el que a la postre, ha resultado ser el último disco de los neoyorquinos hasta el momento. Y en esta ocasión, otra vez en formato trío, pues a Frank ya se le presenta como batería y miembro oficial de la banda. Pero detalles de formación aparte, lo importante es que se sacan de la manga un discazo fantástico. No supera a los dos primeros, pero yo lo colocaría muy, muy cerquita de “Come Find Yourself”. No te digo ná y te lo digo tó. Olvidaos del single “Mi Corazón”, un ejercicio oportunista de confundir a quienes pudieran relacionar al trío con sonoridades latinas. Es la peor canción del disco.

La portada no es gran cosa, pero menudo disco se esconde en su interior!!

Por lo demás, tenemos a los FL’C más callejeros, tenemos rap, rock, soul, estribillos míticos, acercamientos al funky, momentos sosegados… qué más se puede pedir? Tenemos algunas joyas como ese “How It Be” con esa intro tan funk setentero, o “City Boy” con ese estribillo pegajoso. Si incluso se permiten el lujo de incluir un pasaje del babosísimo “Love Story Theme” y salir airosos. Quizás se podría decir que “Livin’ In The City” compila los diferentes estilos que el trío ha ido practicando en su carrera, y algunos temas suenan más a su debut, y otros al mítico “100% Colombian”, pero “Loco” también planea en el horizonte. También es un disco más corto de lo que nos tienen habituados, y eso le hace ganar enteros. Corto, conciso, sin bajones, con una coherencia global pero con momentazos de esos que les surgían en 1999.

Y hasta ahí la historia. Lamentablemente, han pasado ya casi 5 largos años, y no sólo no hay continuación, sino que tampoco hay noticias de nuevo disco. Lo cuál no deja de irritarme. Está claro que la industria ya no es la que era y cuando ni siquiera su myspace (única fuente fiable de noticias suyas) muestra gran actividad, sólo me tranquiliza el saber que de tanto en tanto hacen algunos conciertos en festivales europeos, alguna cosita en USA y varios bolos en UK e Irlanda, donde sorprendentemente siguen siendo muy apreciados. Pero 5 años sin disco de los Fun Lovin’ Criminals son demasiados. Se les echa de menos. FIN.

viernes 23 de octubre de 2009

Fun Lovin' Criminals - pt.2

Imaginemos una tarde de mayo en Nueva York. El tiempo ha dado una tregua y el sol primaveral luce calentando agradablemente. Te acercas a la ribera del río, bajo el puente, en el lado de Brooklyn. Los almacenes reconvertidos en talleres de artistas parecen tranquilos, y los locales todavía no han abierto. En la zona de césped hay mucha gente, familias, gente con sus perros, unos chavales jugando con el balón, aprovechando cualquier intento de placaje para retozar sobre la yerba. Te sientas en una de las rocas y contemplas el puente, el río, y al fondo, la Manhattan, y parece que todo está bien. Un cigarrillo tras otro y en un ratito el sol se ha puesto. Recibes un sms en el móvil. Nos vemos a las ocho en Louie’s. Sonrisa pícara. Claro que sí. Allí nos vemos. Te levantas, espolsas un poco el pantalón, te pones la americana de nuevo, el sol ya se está escondiendo y ya no hace ese calorcito agradable, y enfilas hacia el metro.

Más o menos por aquí... la foto es mía (juas, sufrid, mortales!)

Si “Come Find Yourself” era un gran disco que vino precedido por uno de esos singles que sonaron y sonaron, su continuación cerró muchas bocas (alguien dijo hype?) y dejó a otros tantos sorprendidos. Señores y señoras, “100% Colombian” no sólo es el mejor disco de Fun Lovin’ Criminals sino también es uno de los mejores discos de la década de los 90’s. Así de claro.

Barry White les salvó la vida...

Esa portada, con ese trío trajeado, con fundido en negro y pose de “Uno de los Nuestros” no da pie a confusión. Clase. En este disco acentúan su faceta más soul tranquilo, en detrimento de algunas bases más hip hop, y tal vez de algunos riffs más durillos. Por lo demás, la fórmula de su debut, pero depurada y superada. Menudas canciones!!

El primer single, “Love Unlimited”, homenaje clarísimo a Barry White con estribillo memorable (“Barry White/Saved my life”) no tiene esa capacidad de aparecer en todas las radios y teles. Claro, tampoco tiene un sampler de Pulp Ficition. También es 1998, y la MTV ya no está por la labor de promocionar alt rock, y el hip hop es cosa de Puff Daddy y no de esos blanquitos. Pero le pueden dar a la MTV. En “100% Colombian” hay desde cortes puramente rockeros, como “Korean Bodega”, “10th Street” o “Big Nigh Out” (con un sampler genial de Tom Petty) hasta pequeñas maravillas de soul rap, como “Sugar” o “Back on the Block”, incluso hay espacio para el hard rock en “Southside” y el blues en “Mini Bar Blues”, con el mismísimo B.B.King poniendo su Lucille al servicio de los criminales.

Una copa?

Las letras y la actitud siguen la estela marcada anteriormente, urbana, macarrilla, gangsteril (en el sentido más Scorsese de la palabra), pero también elegante. El trabajo de Fast en los teclados y la trompeta es incontestable, y uno de los sellos identificativos de la banda. No puedo dejar de emparentarles con otras bandas que hacían de la clase, la actitud y un particular sentido de la elegancia su bandera: Urge Overkill y Afghan Whigs.

Lo cierto es que en 100%... resulta difícil destacar un tema sobre los demás, ya que es un disco hecho para escuchar de un tirón, y no puedo más que encadenar un elogio tras otro. Ideal para aquellos que se quieran iniciar en el mundo de clubs humeantes, mujeres con traje de noche, fiestas en las terrazas de New York City y dry martinis que proponen Fun Lovin' Criminals.

Dando de comer a las palomas

La gira de “100% Colombian” recaló en Barcelona, en la sala Bikini, y no se me ocurre mejor marco para un concierto de estos tipos. Lógicamente suenan muy diferentes en directo, más guitarra y más improvisación, a pesar de las bases programadas, pero sobretodo con un Huey Morgan derrochando glamour y simpatía. Al final del concierto les esperé en la salida, donde había un pequeño grupito de fans, y Morgan salió, saludó a todos, firmó autógrafos y aún sin perder su aureola de estrella, se portó de un modo amabilísimo atendiendo a todos los allí presentes. Por cierto, en esa gira, Steve-O, batería original, ya había abandonado la banda y ahora era Mackie quien se ocupaba de las baquetas.

El siguiente movimiento de la banda no tardó en llegar, y en 1999, sólo un año después de la publicación de “100% Colombian”, publican “Mimosa”, un un compendio de versiones de temas ajenos y relectura de los propios, de corte marcadamente lounge y apto para fans hambrientos de material. Para todos ellos, constituyó una sabrosa golosina.

Es en las versiones donde gana enteros este Mimosa. La primera, un corte totalmente funky que me enganchó durante una temporada, original de 10CC, para mí, es de lo mejor. El tono general es, sin embargo, muy lounge, muy calmado. Junto con el cantante de Echo and the Bunnymen, hacen una versión del The Summer Wind, del gran Sinatra, que no acaba de convencerme. Todo lo contrario que ese Crazy Train original de Ozzy Osbourne, genial , donde la banda demuestra tener un background rocker. Las relecturas de temas propios son claramente inferiores a las originales, si bien la de Scooby Snacks en plan blues acústico no está nada mal. Lo dicho, material apto para fans.


Poniendo esta foto podría haberme ahorrado tanta palabrería tratando de describir "Mimosa"

Y mientras esperamos la continuación de la historia, os dejo con deberes (menudos deberes más buenos!!), escuchad esos dos discos mientras revisáis las fotos de las carpetas interiores, que dan una idea muy clara de lo que es ser un Fun Lovin’ Criminal.
(CONTINUARÁ)

jueves 22 de octubre de 2009

Fun Lovin' Criminals - pt.1

Un gordaco negro vestido con un traje también negro, te abre la puerta metálica (negra) permitiéndote el paso, mientras de dice “adelante” con cara de decirte “me cago en la madre que te parió”. Unos segundos antes te ha mirado de abajo a arriba, y vuelta otra vez hacia abajo, escrutando dios sabe qué. El humo y una cierto tono azulado de luz te dan la bienvenida y al caminar un par de pasos, una bonita camarera cruza por delante tuyo a toda velocidad, shorts, botas altas y escote generoso, sin apenas reparar en ti. Afortunadamente, todavía recuerdas aquella noche que fue simpática contigo cuando le hiciste aquella broma al pedir tu copa, y al corresponder tu chistecito, envalentonado por el alcohol, te pusiste tan pesado. Santa paciencia la de esas chicas. Escrutas un poco la zona. Al fondo un par de grupos habituales, en las mesas, aunque una de ellas está ocupada por gente nueva, claramente no son de la ciudad. Antes de ir a la barra, ves a Norah, guapísima con ese vestido, y su amiga alemana, Silke, menos elegante pero también muy guapa, que te saludan pícaramente desde el fondo, agitando sus manos que pasado mañana volverán a lavar cabezas en la peluquería. Esta noche, sin embargo, parecen reinas. Después de saludarlas, y antes de ir a la barra, compruebas que tu camisa está bien metida y el cuello en su sitio. Apartas un poco el flequillo de la frente y te apoyas en la barra. Siempre vas a esa, que regenta Pete. Las chicas bonitas sólo sirven en la barra de en frente, o en las mesas. Te choca con esa mano enorme y sudada, pero diablos, es un buen tío, y no necesito pedirle la copa, se limita a girarse y a decirme “lo de siempre, ¿no?”, y antes de contestar ya ha cogido la botella de Bombay Saphyr y un botellín de limón. En la pista hay bastante gente, muchas chicas bailando, y eso que todavía no ha comenzado el DJ, un grupo está tocando. Pete me pasa la copa mientras me dice “escucha a esta banda, tío, son buenísimos”. Y realmente lo son. El guitarrista saca magia de su Gibson negra mientras le hace caída de ojos a la primera fila, y aunque nunca me han gustado los grupos que tienen partes pregrabadas, esto suena diferente. Y ese riff? Pero si es “Smoke on the water” mal tocado! Y mientras se atusa la americana, el que está detrás de unos teclados, ha dejado el bajo y ahora está tocando la trompeta. El batería aprovecha la base grabada para salirse del ritmo y lucirse un poco, pero esa cara de universitario fumado no le pega con esa preciosa corbata que lleva. Son buenísimos.

No nos engañemos, si Fun Lovin’ Criminals no hubieran incluido ese sampler de Pulp Fiction en “Scooby Snacks”, en pleno 1995, con el resacón Tarantiniano en pleno apogeo, tal vez no hubieran alcanzado nunca el estatus y quizás nos hubiéramos perdido a este trío fantástico. Eso, que nos pareció un guiño divertido en uno de esos singles incontestables de los 90’s, a Tarantino le pareció una ocasión para reclamarles su tajada por derechos de autor. Claro, eso fue cuando el disco “Come Find Yourself” escaló puestos en las listas, especialmente la británica. Y es raro, porque es en el Reino Unido y también en Irlanda donde estos chicos siempre han tenido mayor éxito, casi más que en su América natal.

Menudas caritas de fumeteo que llevan... porque de haberse despertado a las 5 de la mañana, como que no.

Hablar de Fun Lovin’ Criminals sin mencionar aspectos extramusicales se convierte en una difícil tarea. Elegantes, bon vivants, cachondos, cinematográficos, mitómanos, algo macarras, gangsteriles, con clase. Son un poco de todo eso. Huey Morgan, voz y guitarra, Brian “Fast” Leiser, teclados, trompeta, bajo y programaciones variadas. Y un batería que ha ido cambiando a lo largo de los años de formación. Neoyorquinos orgullosos hasta la médula.

Y su música? Es rap? Es rock? O tal vez ambas cosas? Pero claro, cuando se habla de mezclar rap y rock aparecen rápidamente los nombres de Beastie Boys, y de Rum DMC, y de RATM o incluso de Ántrax. Y creedme, no se parecen a ninguno de ellos. Claro, usan bases programadas y samplers, pero esa guitarra es hard-rockera a veces, blues en otras ocasiones. Y luego aparecen esos teclados o sacan la trompeta, y la cosa se pone más soul. Y cuando menos te lo esperas, se descuelgan con alguna sonoridad más tradicional, o con acercamientos al lounge. No me pidáis que lo defina. Demasiado complicado.

Su debut aparece en 1995, “Come Find Yourself”, y ese primer single de base rockera y estribillo pegadizo les abre muchas puertas. Y muchas más que les abrirá ese videoclip. Efectivamente, en el videoclip de “Scooby Snacks” además les sirve para presentarse protagonizando una historia de golfos entrañables que deciden forrarse robando un banco, en una historia, lo adivináis? Sí, muy tarantiniana. Y yo, que no había escuchado rap en mi vida, ni ganas, me engancho a esto que no sé muy bien lo que es, pero me gusta. Claro, algunos cortes son netamente hiphoperos, pero otros son puro rock, bailable y desinhibido, con algunos riffs muy buenos. Y con samplers declarados de “Free Bird” y no declarados de “Smoke on the Water”. Porque vamos, que me aspen si el riff de “Bombin’ the L” no es el riff clásico de Ritchie Blackmore, con un par de notas omitidas. También hay momentos más tranquilos, como esa bonita versión del clásico de John Barry “We have all the time in the World”, o esa bluesy “Methadonia”.

Las referencias a NYC son explícitas, por ejemplo, “the L” es un tren que cruza de Manhattan a Brooklyn, y con homenaje a John Gotti, el último mafioso clásico, ilustre habitante de la ciudad de los rascacielos.

En definitiva, un gran debut de un grupo que se hizo muy popular y que aprovechó su tirón para pasearse por festivales y hacer conciertos en las salas de medio mundo, cuando el rock todavía era popular, aunque capitalizado por los sonidos “alternativos”. Gran debut, sí, pero nada nos hacía presagiar lo que vendría después. Pero eso, amiguitos, será otro día. Así que os doy tiempo para pinchar “Come Find Yourself” y continuamos para bingo. (CONTINUARÁ)

miércoles 21 de octubre de 2009

El cine y Malditos Bastardos

Hace ya algunas semanas que vi "Malditos Bastardos", y la verdad es que por una cosa o por otra, todavía no había hablado de ella. Y ahora, la verdad, me da algo de pereza. Es lo que tiene Internet. Es publicarse un disco, estrenarse una película, o producirse un concierto, y varias horas después, un aluvión de entradas en blogs, reseñas, comentarios en foros, y demás, van apareciendo como setas otoñales. De modo que seré breve. Y lo seré porque no era de "Malditos Bastardos" de lo que quería hablar, pero ya que estoy puesto, que no sea dicho.

Ay, qué difícil es ser un director de culto y mantener tu estatus. Quentin Tarantino siempre tendrá esa losa (maravillosa losa, por otra parte) en todos y cada uno de sus estrenos, de la comparación inevitable con "Reservoir Dogs" y con "Pulp Fiction". ¿Es eso justo? Poco importa la justicia. Lo curioso del caso es que con "Malditos Bastardos" las opiniones son de lo más diverso. En fin, todo el mundo sitúa "Pulp Fiction" y "Reservoir Dogs" como puntos álgidos en su obra, y "Death Proof" como lo peor que ha rodado. Sin embargo, es curioso como las opiniones referentes a "Malditos Bastardos" se mueven entre "lo mejor desde Pulp Fiction" hasta "su peor película, si no fuera por Death Proof". Personalmente me inclino más por la primera afirmación que por la segunda, sin estar del todo de acuerdo.

"Malditos Bastardos" es una película de género, hay quien la relaciona con los westerns, cambiando los escenarios, tal vez. Yo la veo más como esas cintas de finales de los 60's y primeros de los 70's tipo "12 del Patíbulo". Con lo cuál es lógico que aquellos geniales diálogos que trufaban sus primeras cintas dejen de estar presentes. Es una película, también, sin ningún protagonista claro. El personaje de Brad Pitt es bastante anodino, pero el de la chica (lo siento, no recuerdo su nombre) tampoco llena el metraje. Vamos, una peli sin protagonistas. Pero lo que está claro es que sus más de dos horas de duración pasan fugaces, lo cuál no es poco, y probablemente Tarantino nunca haya jugado con el humor más claramente que en "Malditos Bastardos". Personalmente no soy gran fan de las bandas sonoras de Morricone, de modo que a nivel de música, y eso, tratándose de una película de Tarantino, es tan importante como el elenco de actores, me quedo con ese momentazo Bowie, de hecho, única canción que suena no creada ex-profeso.


Grandísimo cartel, con aroma a clásico

En fin, que yo la recomiendo, si es que queda alguien que dudara de verla y aún no lo haya hecho. Pero de lo que quería hablar era de los cines como espacio físico. Hacía tiempo que no acudía a uno de los cines clásicos de Barcelona. De hecho, últimamente voy poco al cine, y consumo más cine en casa que otra cosa. Pero en esa ocasión fuí al cine Aribau, y me encontré con una de esas salas majestuosas, algo envejecidas ya, pero enormes, con esa, no sé, llamadme romántico, aureola a cine clásico, lejano de esa pinta de parque de atracciones audiovisual que tienen los cines últimamente, especialmente los de los centros comerciales. Diablos, hacía varios años que no iba al cine Aribau.

Claro, no todo son cosas buenas: la butaca no era tan cómoda como en un cine nuevo, el aparcamiento es de pago (cosas de no vivir en Barcelona), y por supuesto, esos precios que rozan el ridículo (más de 6 eurazos por entrada!!!). La pena es que parece algo a punto de morir, un residuo del pasado. Imaginad una sala enorme en una sesión de sábado por la noche, que se supone una sesión fuerte, con una cinta que puede atraer público masivo, y calculo que aquella noche no seríamos más de 30 personas en una sala en la que cabían unas 100. Triste. Así que mucho me temo que esa sala está condenada, afortunadamente no a desaparecer, como el cine París, sino probablemente a remodelación y a convertirla en 2 o 3 salas, aunque tal y como están las cosas, quién sabe. Y no creo que me equivoque.

Canciones:

David Bowie: "Cat People (putting out fire)"
Dinnosaur Jr.: "Just Like Heaven"
The Rolling Stones: "Honest I Do"