viernes 11 de diciembre de 2009

2x1

El Parlament de Catalunya ha establecido una ley que prohibe especificamente en bares y discotecas los 2x1, happy hours y barras libres. No es que me afecte especialmente, pues cada vez bebo menos, y tampoco frecuento mucho discotecas y bares. Y de verdad que intento comprender que hay una cierta problemática con un sector de la juventud que le da al alpiste cosa fina. Pero una medida como esta es de las que me cuestan. Soy mayor de edad, el alcohol es una sustancia completamente legal y cuya ingesta no es perjudicial para los que deciden no ingerirla (cosa que no ocurre, por ejemplo, con el tabaco)... a qué viene, pues, esta clase de leyes? No sé si realmente esto afectará la problemática de menores de edad bebiendo (y ahí sí que puedo entender revisiones en leyes), ya que se supone que un menor de edad no bebe en un bar. Pero si consideramos que países como Italia o Reino Unido permiten esta clase de promociones, es cuando ya no entiendo nada. Me da la sensación de que una suerte de Gran Hermano quiere controlar más de la cuenta. Y eso es lo que me preocupa. Al final es lo de menos el hecho de los happy hours. No necesito un estado que me sobreproteja. Déjenme beber tranquilo.

Canciones:

Def Leppard: "Love Bites"
Stone Temple Pilots: "Vasoline"
Little Steven: "Born again savage"

martes 8 de diciembre de 2009

Pixies en 2010

Durante una época hubo un cierto sector del público que criticó el éxito de Nirvana cuando publicaron "Nevermind", arguyendo que muchos de los cortes, entre los que se incluía el celebérrimo "Smells Like Teen Spirit" eran una suerte de plagio de los Pixies. Recuerdo una crítica en el que se referían con algo así como "un tío de Seattle llegó al estrellato con un tema que era como una cara B de los Pixies". Bueno, es innegable que la aureola de los Pixies planeó no sólamente en Nirvana, sino también en buena parte del rock indie de los 90's. Kurt Cobain se quedó admirado tras escuchar el debut de los Pixies, "Surfer Rosa", y siempre habló bien de ellos. Probablemente fue en "Nevermind" donde más clara influencia se puede apreciar. No solemente en Nirvana, sino que Pixies ayudaron a sentar unas bases muy comunes en el rock indie de esa época: melodías muy marcadas por el bajo, alternancias de momentos tranquilos con estallidos eléctricos... , podríamos nombrar rápidamente una docena de canciones que rompieron las listas de éxitos de rock alternativo y responden a esos parámetros.

No por ello parece de recibo considerar condenable el hecho de que Nirvana triunfaran tantísimo mientras que en 1992 Black Francis AKA Frank Black decidiera poner punto y final a los duendecillos enviando un fax a sus ya ex compañeros para notificárselo, en un acto de delicadeza extrema, sin haber conocido las mieles del éxito que pupilos suyos sí estaban disfrutando. Y sobretodo, tengamos muy claro lo siguiente: quien conocía a los Pixies en 1992? Muy pocos, eran una banda todavía bastante underground, un grupo "para iniciados". Pero cuántos de los que descubrimos a los Pixies y nos declaramos fans de los de Boston, lo hicimos a raíz de la admiración que Kurt Cobain profesó públicamente hacia ellos? Yo soy uno de esos. Y seguro que hay muchos más. Pongamos unas cifras sobre la mesa: de su disco más vendido, "Nevermind", Nirvana colocaron diez millones de copias en USA, mientras que de su disco más vendido, "Doolittle", Pixies han colado un millon de copias en USA. Pero sólo habían vendido 100000 durante los 6 primeros meses tras su publicación. Esas ventas, soprendentemente, crecían por ejemplo en 1993, dos años después de sacar su último disco. Y en 1995 había llegado a ser disco de oro (500000 copias). Por supuesto, el tema de las ventas tiene el valor que se le quiera dar, pero está muy claro que The Pixies fueron más comprendidos y admirados a raíz de una generación posterior de músicos exitosos que se decían influenciados por ellos, que en su época de vida.

Gordos, viejos y acabados???... allí estaré, claro que sí!!!!

Desde 2004, la banda (Pixies, no Nirvana... juas juas) ha ido haciendo algunos conciertos de reunión, a pesar de que sus relaciones personales siempre han sido declaradamente malas. El dinero, supongo, lo cuál no me parece reprochable. Aunque también me da la sensación que se trata un poco de recibir un reconocimiento del público, algo en plan más masivo de lo que jamás gozaron en vida (musical activa, se entiende). Tocaron en Barcelona en el Festival Primavera Sound de 2004, concierto que por razones estúpidas me perdí. Tocaron también en 2006, en el Festival de Benicassim, concierto que también me perdí. Y cuando pensaba que Pixies engrosarían la lista de bandas de las que jamás podré disfrutar en directo, recibo con sorpresa la noticia de que vuelven a tocar en el Primavera Sound de Barcelona de 2010! Y esta vez no me lo pierdo! (Aunque sería un detallazo que indicaran qué día toca, porque me gustaría comprar la entrada para ese día, no un jodido abono para todo el festival)

Canciones:

Rock City Angels: "Born to loose"
Mötley Crüe: "Dr. Feelgood"
Mott The Hoople: "The Golden Age Of Rock N' Roll"

lunes 7 de diciembre de 2009

Piratas

Hacía tiempo que me rondaba la idea de escribir sobre Internet, piratería, y demás, pero lo tedioso y sobado del asunto siempre me había echado hacia atrás. Qué ha cambiado desde entonces? Probablemente ciertos movimientos que ha habido al respecto en los últimos días. En cualquiera de los casos, este ladrillazo está redactado no con objetividad, pues eso no existe en este blog, pero sí con sinceridad. Así que ahí vamos.

Supongamos que estáis en un bar de copas. No se trata de un bar de barrio, o de ese lugar donde conoces al tipo de la barra, sino de ese típico bar de moda donde las copas son más caras de lo que se consideraría normal. Os habéis tomado 8 copas. Cuando traen la cuenta, resulta que se han equivocado y sólo os reflejan 4 en la nota. Qué hacéis? Pagáis las 4 y marcháis, contentos de haberos ahorrado un dinero, o tal vez avisáis al camarero de que ha habido un error y la cuenta es, en realidad, más elevada?

Supongamos ahora que estáis en un parking. Uno de esos parkings enormes del centro de la ciudad. Antes de salir, os dais cuenta de que la barrera está estropeada y se ha quedado arriba permanentemente. Qué hacéis? Salís directamente sin pagar o bien avisáis al responsable de la taquilla y le dais el ticket para que os cobre?

Y ahora supongamos que hay un festival de música en la ciudad. El Primavera Sound, por ejemplo, festival que no se caracteriza por ser muy barato, precisamente. Estáis en la puerta, dispuestos a comprar entradas. Pero en la valla divisáis un hueco considerable. Alguien, por ejemplo, el servicio de limpieza, se ha dejado la valla abierta. Nadie pasa por ahí, nadie vigila, de manera que es insultantemente fácil entrar sin pagar. Qué hacéis? Colaros por esa entrada descuidada o bien pasar igualmente por taquilla?

Ok, probablemente algunos de los lectores de estas líneas hayan escogido, en cada ejemplo, la opción dos. Pero me juego, y con riesgo mínimo, lo que queráis, a que un alto porcentaje hubiera escogido la primera opción. Aún a sabiendas de que es ilegal. Aún a sabiendas de que moralmente es más o menos reprochable. Aún a sabiendas de que no deja de ser “robar”.


Lo es. Lo sé.

Sirvan estos ejemplos a modo de reflexión para todos aquellos que se rasgan las vestiduras amparándose en el supuesto acto delictivo, inmoral y totalmente reprochable que es el bajarse música (o películas, o series, o videojuegos, aunque no lo mencione específicamente, vale para todo) de Internet. No, las personas que se bajan música de Internet no son unos delincuentes, ni unos desalmados, ni unos piratas. La mayoría de las personas que se postulan frontal y radicalmente en contra de las descargas ilegales, también hubieran escogido la opción uno, en una pirueta del despropósito y la contradicción.

Y sin embargo, lo normal, lo razonable, es que tarde o temprano se establezcan mecanismos legales para evitar, prohibir, controlar y, si procede, y siempre de un modo razonable, sancionar las descargas ilegales. Y enfadarse, o tomarlo como una injusticia, resulta ridículo. Todos los que descargamos música sabemos que no está bien. Sabemos que es ilegal. Y personalmente creo que esa idea generalizada de que ya no hay vuelta atrás y que lo de pagar por la música grabada se ha acabado es algo totalmente equivocado.

Por supuesto, en esta historia ha habido muchos errores, mucho aprovechamiento y mucha pose. Pongamos por ejemplo la famosa y peripatética SGAE. Su cruzada ciega enmascara y daña un fondo razonable: los autores deben cobrar por su trabajo. Sus actos ridículos, su pobreza institucional y algunas de sus protestas les dejan en muy bajo escalafón. Quién puede respetar a esos tipos?? O por ejemplo lo del cánon digital, injusticia flagrante y una muestra de ignorancia total. Y finalmente, lo de esta Ministra de Cultura, que deja a lumbreras como alguno de sus predecesores en gestores exquisitos.

Por otra parte, sabemos que durante muchos años, probablemente desde que existe, la industria musical de la grabación y distribución ha sido un negocio de aprovechados y ruines. Lo sigue siendo, en gran medida, a pesar de los serios varapalos sufridos. Podríamos comenzar con la sustitución del vinilo por el CD, a finales de los 80’s, cuando de repente, y a pesar de que la materia prima resultaba más barata, una grabación en CD resultaba ser más cara en el punto de venta que una en vinilo. Pero para qué remontarse tanto en el tiempo. CDs a precios indecentes, aún incluso hoy en día, 17 o 18€, sirven de justificación bastante común. Y ahora, como se le ven las orejas al lobo, se hacen “esfuerzos” por bajar precios. ¿Demasiado tarde? Tal vez. El caso es que conozco a muchos tipos que consideran que lo que llevan gastado en CD justifica que ya no compren nada más.

La postura de algunos artistas es controvertida. Por todos es conocida la guerra que Metallica mantuvieron contra Napster, como si la estabilidad contractual y/o económica de los Metallica se pudiera ver en peligro. La postura de Radiohead no puede sino ser considerada como un genial golpe de efecto. Genial, pero a niveles de marketing, estoy convencido que no les saldría tan rentable una segunda vez. Gene Simmons de Kiss declaraba no hace mucho que ya no volverían a grabar, porque no querían “regalar su trabajo” (Simmons dixit), claro que luego se retractarían y editarían su maravilloso “Sonic Boom”. Y por ejemplo, “The Cult” se pegaron un gran castañazo en USA con las ventas de su último disco. Por supuesto, el nivel de vida de Astbury y Duffy no está en peligro, queda claro, no obstante, el mercado ha cambiado.

Y es que siempre hubieron copias. Al principio eran las cutres pero utilísimas cintas de cassette. Y más adelante, cuando se popularizaron los precios de las grabadoras de CD, llegó un momento en que poca diferencia había entre un CD grabado y uno original. Aunque algo bueno se puede extraer de ello: si la calidad musical no se veía resentida, los discos originales tenían que ofrecer valores añadidos. Adiós ediciones roñosas, hola ediciones con libreto de calidad y detalles para mitómanos. Una vez más, me permito volver a la primera reflexión que hacía. Las copias en cassette jamás fueron demonizadas del mismo modo, y sin embargo, qué diferencia, a nivel conceptual, hay entre el típico tío que se compra un CD y se lo graba a un compañero de clase, y esa cinta va rondando hasta que toda la chavalería de la clase tiene su cinta grabada, y que esa chavalería se descargue el disco de Internet? La difusión. El dinero que se deja de ganar.

Y ahora viene cuando me mojo. Aunque antes, os explicaré mi experiencia. Que comenzó a finales de los 90’s con una conexión de 56k y una grabadora que me costó 20000 pesetazas de entonces. Por un lado, me dediqué a grabarme muchos discos de un compañero de universidad que tenía una colección brutal. Por otro, ahí tenía mi Napster, un programa infame, más si se combinaba con esas conexiones lentísimas. Bajarse un disco entero era una utopía. Pero sí me bajé muchas canciones sueltas. Y jamás dejé de tenerlo claro. Cuando mi economía estudiantil me lo permitía, disco original siempre. Si el grupo en cuestión me gustaba especialmente, original. Si lo queremos mirar por un lado positivo, y esta es una argumentación común, Internet me permitió conocer docenas de grupos a los que jamás me hubiera acercado, y en los que acabé invirtiendo mi dinero, ya sea en discos o en conciertos. El caso es que con el pasar de los años, cuando uno ya consigue un trabajo y un cierto desahogo económico, impensable en mi época universitaria, le da valor al disco comprado. Y en la actualidad, apenas bajo más que algunas canciones sueltas. Entre otras, porque tengo un disco duro lleno de archivos que no escucho. Ya no le encuentro mucho atractivo a una carpeta de Windows con un disco de Willy De Ville. Prefiero comprarme su disco cuando tenga oportunidad. Pero claro, yo soy un antiguo. Y además, no soy un chaval que depende de trabajillos eventuales o de la paga de sus padres.

Si un día realmente alguien acaba con las descargas ilegales, bueno, no será para mí una tragedia. Del mismo modo que si el camarero me trae la cuenta con las ocho copas, pues la tendré que pagar. Tal vez otro día, en lugar de ocho, nos tomemos cinco. Insisto, sin aspavientos, y sin dejar de reconocer que el mercado se merecía una pequeña rebelión por parte de unos consumidores, el melómano sufrido. Pero lo cierto es que hoy en día, con la bajada de precios que se ha aplicado a una gran parte de los discos, aunque no lo suficiente, todavía hay mucho atraco, especialmente en lo que a novedades se refiere, pero bajada en definitiva, y con el acceso a las compras de discos por Internet, y otros canales, estoy convencido de una cosa: el que no compra discos es porque no quiere. Sí, seguramente mi vecino de 16 años no se acercaría nunca a la discografía de Neil Young, que se bajó el otro día en quince minutos. Pero esa es otra reflexión que la Industria debería hacerse.

Canciones:

Nirvana: "Breed"
Jamie Cullum: "Grand Torino"
Radiohead: "Airbag"

martes 1 de diciembre de 2009

Queen Greatest Hits II

Está claro que cualquier momento es bueno para recordar a Freddie Mercury y a Queen. Por supuesto es algo recurrente cada final de noviembre desde hace ya 18 años, y supongo que en un par de años, ese 20 aniversario puede ser el colmo del mercantilismo musical llevado a su extremo más obsceno. Aunque si hay algo que me pone de mala leche es escuchar la típica frasecilla de un amplio sector de la parroquia rockera, que suelen cargarse de un plumazo la trayectoria de Queen en los 80’s. Como si Queen no tuvieran interés más allá de 1979. Ok, tuvieron un tropezón importante con “Hot Space” (1982), eso es innegable. Pero lo digo aquí y ahora, si, y sólo si el Dr. Mengele me amenazara con servirle de probeta para sus experimentos si no elijo, me quedaría con los Queen de los 70’s. Sólo en esa circunstancia. Si no, amigos, no podría decidir.

Porque, entre otras cosas, permitidme que me remonte a 1991, a un disco que todo aquél que ahora tenga entre 28 y 35 años y se jacte de ser o haber sido rockero en alguna ocasión, debe tener o haber tenido: Queen Greatest Hits II. Publicado en ese 1991, muy poquito antes de que Mercury muriera, es una compilación de sus hits desde 1981 en adelante, continuación de aquél Queen Greatest Hits I que ya publicaran precisamente aquél 1981. Por supuesto el fatal desenlace precipitó que ese disco se hiciera tremendamente popular.



Ni Michel Gondry ni hostias: esto es un videoclip!!

Ok, el mundo de las compilaciones discográficas suele ser pasto de desalmados que lanzan productos de ínfima calidad. Si el disco en cuestión es “Greatest Hits”, suele ser flojito. Si es “The Best Of”, la cosa se pone chunga. Y si es “The Very Best Of”, resulta ser una mierda infumable. Para todo, claro, hay excepciones. Quién puede tener queja a un álbum que contiene joyas como “Under Pressure”, trallazos rockeros como “I want it all”, marcianadas como “I’m going slightly mad”, épica como “Who wants to live forever”, ecos ochenteros como “A kind of magic”, horteradas como “Radio Ga Ga”, himnos como “I want to break free”, dramatismo como “The Show must go on” ... ¿sigo? Sólo le encuentro una pega, y es la imperdonable ausencia del temazo “Princes Of the Universe”, de la peli Los Immortales... ahhh, qué pedazo de canción y qué maravilloso videoclip, impagable ese Freddie luchando con su trozo-de-pie-de-micro contra la espada de Christopher Lambert.

Sí, amigos, ese disco fue uno de los responsables de mi educación musical que me acabaría adentrando por los pantanosos caminos por donde Robert Johnson pactó en un cruce. Y al final, uno escuchaba ese Queen Greatest Hits II y echaba de menos “We Are The Champions” y “Bohemian Rapsody”, a la sazón, las dos canciones de los Queen setenteros que conocía entonces. La curiosidad, claro, hizo el resto. Así que no puedo más que recordar con cariño aquella cinta grabada en esa época, que escuché miles de veces, y no lo niego, a veces todavía escucho ese CD por el placer de escuchar esas canciones unas seguidas de las otras y en aquél orden al que me había acostumbrado.

Canciones:

Queen: “Princes Of The Universe”
Queen: “Hammer To Fall”
Queen: “Friends Will Be Friends”

lunes 30 de noviembre de 2009

30

Pues sí. Cualquiera que haya ido leyendo estas líneas durante sus ya varios años (tal que tres, quizás más) de existencia, ya se habrá topado con la entradita de marras en 30 de noviembre, viendo cómo me han ido cayendo los 27, los 28, los 29, y finalmente hoy, los 30. De cómo iba amenazando esta fecha, este momento de llegar a la vejez, esta entrada en la senectud que ya ha llegado. Ya tengo 30 años (que se dice pronto).

Hoy he estado releyendo entradas antiguas de los distintos 30 de noviembre y parecía como si poco a poco una sombra se cernía sobre mi existencia, una tragedia definida por un fatídico número, el tres. Y ahora que ha llegado, pues pienso que tal vez no sea para tanto. Un poco como el "Chinese Democracy", tanto tiempo esperándolo y al final no fue para tanto. O quizás sí. Qué sé yo. Hoy una persona querida me ha dicho algo así como "ya verás como ahora te empezarán a caer y no te darás ni cuenta, hasta llegar a un punto en el que ya ni te importe, así que disfruta". Pues carpe diem, ¿no? ¿no era esa la moraleja?

Que nadie se piense que ahora me estoy haciendo el chulito. Que 30 años no es nada. Sí lo son, y no sólamente a nivel físico, que ahora las resacas me duran más, y me canso antes haciendo deporte, y tengo alguna cana, si me descuido me sale barriga y Jon Bon Jovi tiene la cara más lisa que yo. También a nivel mental. Y eso, precísamente eso, que era lo que más me aterraba, le he llegado a coger el puntillo. Será que la madurez mola, porque te la puedes ir saltando, esquivando y trampeando, pero cuando la necesitas, está ahí. Puede ser esta última frase una versión muy personal de aquella que reza eso de que "el que no se conforma es porque no quiere". Puede ser.

Este artefacto peligroso también cumple 30 años

Hoy me lo he tomado de fiesta, e intento hacer de este día algo especial, aunque otros muchos ya han hecho de este fin de semana algo especial, y el fin de semana que viene, continuamos. Para no perder la costumbre, he pinchado "I’m Eighteen" de Alice Cooper y "Cumpleaños Total" de Los Planetas una vez más, a pesar de que mis 18 quedan muy lejanos en el tiempo y Los Planetas ya hacía mucho tiempo que no los pinchaba.

Y lo más importante, he llegado a los 30 con pelo!!! Chúpate esa, Mendel!!!

PD: A partir de hoy, recupero el blog, que lo tenía algo abandonado.

Canciones:

Los Planetas: "Cumpleaños Total"
Alice Cooper: "I’m Eighteen"
Smashing Pumpkins: "1979"

miércoles 11 de noviembre de 2009

El muro

Por si alguien no se había enterado, esta semana se ha conmemorado el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. Lo digo por si hay algún lector que conecta con NDK desde una isla desierta, una celda incomunicada en Alcatraz, o una cueva, o vive en un tonel aislado del mundo cuál Diógenes. Al margen del ataque de viejunismo feroz que me ha entrado, todo este asunto me ha recordado esa época, y lo que yo pensaba entonces. Ponganle una banda sonora de "Winds of Change", de los Scorpions. Por ejemplo.

En esa época entre 1989 y 1991 yo tenía 10-12 años. Y para ser un crío, y eso, claro, lo digo ahora, entonces lo hubiera negado, tenía una cierta conciencia de lo que ocurría. Lo del muro me queda más difuso en el tiempo, pero recuerdo perfectamente los hechos de la Plaza de Tiannanmen, y luego los tanques en Moscú en verano de 1991 y la disolución de la URSS. Recuerdo claramente también las independencias de Lituania, Estonia y Letonia, entre 1990 y 1991, y la ejecución pública de Ceaucescu en Rumanía, el día de navidad de 1989, que emitieron con todo lujo de detalles en TVE.

Claramente, algunos de los pilares establecidos de la sociedad mundial estaban cambiando, y eso me parecía excitante. De repente, las calles se llenaban de manifestantes que se llenaban la boca pidiendo libertad y luchando contra el poder establecido. En la tele, claro, en las calles de Barcelona todo parecía igual que siempre, y como mucho, la gente se manifestaba en la Font de Canaletes cuando el Barça ganaba algo, es decir, muy pocas veces, por aquél entonces. Pero volviendo al tema, en fin, me parecía algo muy interesante. Ciertamente creía que mi generación estaba llamada a cambiar el mundo (insisto que pese a tener sólo 11 años, yo ya me veía como un adolescente dispuesto a la lucha y la revolución). A hacer de él un lugar mejor. No sé si ponerle ahora un fondo musical de "Young Man's Blues" o directamente de "My Generation".

Evidentemente, no sabía nada de nada. Sólo me entraban impactos visuales vía Informe Semanal, y estas cosas. Si incluso la guerra de Croacia, la primera que se llevó a cabo en los Balcanes, me parecía una cosa muy molona, muy romántica, en el sentido literario del término. Un pueblo luchando por su independencia. Y en mi cabeza yo imaginaba a una especie de Rob Roy liderando la lucha de los oprimidos.

Y luego estaban los Scorpions, los putos Scorpions y su puto "Winds of Change", canción que me encantaba en aquella época, incluso había llegado a escuchar una horrorosa versión en castellano de la misma.

Ahora miro atrás y veo qué ingenuidad más brutal tenía. Haciendo una asociación rápida, mi vida estaba cambiando de la más tierna infancia a la adolescencia, y el mundo parecía querer cambiar como yo. Entonces, claro, no era capaz de entender ni de discernir que ni el mundo estaba cambiando como yo lo consideraba, más allá de ciertos actos casi folklóricos, ni seguramente yo era tan maduro como me quería considerar. Y definitivamente, no iba a formar parte de ese cambio. No me duraría mucho más allá de los 13 años esta vena proto-revolucionaria-pre-adolescente.Y sin embargo, por otra parte, no puedo sino pensar que en una época tan gris y cutre como la presente, aquella ilusión infantil que me entraba viendo a la gente en las calles harta de tiranías, cierta ilusión por un cambio, en pos de un mundo mejor, sin maniqueísmos ni intereses creados, sería bonito tenerla.

Y ahora, si me disculpáis, me voy a poner la cancioncita de los Scorpions.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Melbourne mon amour

Bueno, iba a subir un vídeo para demostrar que la teoría de los desagües girando al revés en Australia es falsa, pero cuando me he visto con el móvil apuntando al water, me he sentido demasiado ridículo como para seguir con ello. Así que lo tendréis que creer. O no.

Como quiera que en estos viajes de trabajo al final demasiado poco importa el lugar, no hay grandes aventuras que explicar. Al final, es hotel-lugar de trabajo-aeropuerto. Y eso es demasiado parecido en todo el mundo. Viva la globalización. Os tendréis que conformar con un "top 5" australiano. Con eso, y con saber que a vuestro amigo Kar todavía no le arrancado la mano un cocodrilo, ni le ha atacado un dingo, ni ha sido secuestrado por una tribu aborígen:

1.- Vanilla Coke... deliciosamente empalagosa variedad de la coca-cola que sólo he visto en Londres hace unos años, en Hawaii y, oh, sorpresa, también en Melbourne. Estoy pensando en comprarme unas cuantas botellas y embarcarlas en el avión.

2.- Ver a una maruja australiana comentándome que a ella le gustaban AC/DC con Bon Scott, pero que no soporta la manera de cantar de Brian Johnson. Lo peor fue tener que aguantar su imitación de Johnson.

3.- Encontrarme con una chica de Asturias, a la que llevo 3 días hablando en inglés, hasta que me ha dicho que es española.

4.- Seguir vivo... después de tratar de cruzar la calle mirando constantemente hacia el lado que no toca. Espero llegar al viernes.

5.- Los billetes australianos... parecen del monopoly y además están hechos de una suerte de plástico que permite que se mojen y no les pasa nada. Vamos, que si metes tus tejanos en la lavadora con un billete de 100 AUD en el bolsillo, no tienes por qué preocuparte. El billete aguanta. Si es que estos australianos están en todo.

Bueno, amiguitos, les dejo con sus doce de la mañana europeas, que me voy a empiltrar. Paz, amor y holocausto nuclear para todos.